Me sorprendió el libertinaje con que la Coalición por el Cambio tomó las renuncias de los señores Pepe Auth y José Antonio Gómez a las presidencias del PPD y el PRSD respectivamente; y es que elevar a la categoría de “montaje” o “estrategia para” a este simple e inesperado autogol de Eduardo Frei, me parece que dejó mudos a los voceros de Sebastián Piñera quienes no supieron sacar ventajas de este, a mi juicio, enorme “condoro” del oficialismo. Lo que algunos excitados técnicos agrícolas toman como simples “actos irrelevantes”, al tiempo que reparten dulces a cuanto cabro chico se les cruza, otros más reflexivos vemos en estas renuncias como la última apuesta política de Eduardo Frei por conquistar el corazón de Marco Enríquez-Ominami.

Comencemos. El Senador Gómez cometió un error infantil al suponer que con su renuncia MEO se conmovería y marcharía presuroso a ponerse a la cola de los feligreses de Eduardo Frei. El sólo el hecho de pensarlo resulta un despropósito y es que las señales estaban claras e instaladas desde el 13 de diciembre. ¿De qué presión estas hablando José Antonio?. Marco debe estar encargando a las farmacias toda la pasta de dientes disponible en el mercado, todo para conservar brillante la, estoy seguro, ilimitada sonrisa que estos acontecimientos le debe estar provocando al díscolo Diputado.

Pero como conozco a José Antonio Gómez y sé que no es un adoquín (políticamente hablando), me imagino que la verdadera movida del Radical es muy similar a la estrategia adoptada por el Diputado electo y ahora también ex presidente del PPD, Pepe Auth, tal como amenacé hace unos días en otra columna, que tiene por norte salvar el pellejo y quedar lo mejor parado frente a un escenario político-electoral muy difícil para Eduardo Frei, para la Concertación y especialmente para los “viejos estandartes”.

Por otra parte, las salidas de ambos no son temas que merezcan llamarse “de vida o muerte” para los créditos políticos de José Antonio y de Pepe. Tanto en el PPD como en el radicalismo, las cosas están bastante ordenadas, son tipos disciplinados y, pese a que creo que las presidencias interinas podrían haber sido ocupadas por personas que dieran un poco más de sentido al discurso de “renovación”, son todos amigos, no se pisan las mangueras y mucho menos se apuñalan por la espalda.

Este cuadro es totalmente distinto al del Partido Socialista y la Democracia Cristiana. Quizás por esas abrumadoras diferencias resulte tan peligroso imaginar a Camilo Escalona y a Juan Carlos Latorre renunciar a sus sillones y privilegios. Al primero no lo conmoverán con nada. Lo digo en serio. Y es que no sólo disfruta del gentil auspicio de la mismísima Presidente de la República, a quien por estos días le escuché decir "él (Camilo) ha tenido una actitud que a mí me deja con una deuda de gratitud para siempre", sino además porque su presente (y tal vez su futuro) político está en grave peligro al mantener famélicos a no pocos militantes con, hay que decirlo, los cuchillos afilados y preparados para borrar de un plumazo cualquier vestigio de caudillaje de “Gárgamel” en el PS.

Sobre la otra vereda hay que reconocer que no es fácil para Juan Carlos Latorre dejar la presidencia de su partido sin maniobrar de tal manera que se le garantice que podrá seguir gobernando el imperio con una persona dócil a sus intereses. Su excusa favorita para rechazar la “invitación” de Eduardo Frei de jubilar y, de paso, no seguir descalificando públicamente al insolente “marquito”, es que bajo su mando la DC logró una aceptable representación congresista para el período 2010-2014. Es decir, para el Caco no es peligroso enfrentarse a Eduardo Frei, no señor, lo que si le quita el sueño a Latorre es que los llamados príncipes se están creyendo en cuento. Para más desgracia (para Latorre claro) el alcalde símbolo del homecenter, Claudio Orrego, sale a diario como vocero de Frei y sus palabras no son precisamente dulces ni alabanzas a lo obrado por las dirigencias partidarias de la coalición de gobierno. Por algo lo tiene Frei ahí, ¿no?.

En el PPD las cosas están más encaminadas y Auth sigue a firme con su carta Gantt. Dicha planificación debería llevarlo a conseguir la inmunidad en este reality, por lo que si hay que criticarle algo a Pepe en esta pasada es que podría haber dispuesto de otro reemplazante hasta el 25 de abril. No tengo nada contra la Adriana Muñoz, pero creo que hubiese taconeado mejor un Ricardo Lagos Weber o un Felipe Harboe en ese puesto. Con tanta tibieza es demasiado evidente que el PPD colgó los botines con Frei. Porque si vamos a dejar la escoba y lanzar señales a todo el mundo, pucha, un Harboe de interino le daría sustancia a ese cambio que pregonan y por lo demás el tipo despierta simpatías, incluso, en amplios sectores de la Alianza.

En fin, las fiestecitas que se están dando los partidos de la Concertación le está haciendo un flaco favor a Eduardo Frei. Loco asunto considerando que el lo propuso. Lejos de alinearlos en torno a su candidatura, tiene que lidiar con mediáticos roces, pugnas twitteras, que me voy, que me quedo, que quien eres tu para pedirme eso, etc.

Eduardo, están distrayendo a los electores. Los esfuerzos tuyos y de tu gente ya no deben gastarse en hacer que MEO se sume a tu campaña. Tus esfuerzos deben ser hacer saber públicamente por quién votará MEO antes del domingo 17. Nada más. Con eso bastaría.

El problema lo tienes porque Marco huele a kilómetros las encerronas y nada hace pensar que vaya a quebrar su promesa de decir si votó nulo, en blanco, por Piñera o por ti después del 17 enero.

Muchachos, no sigan haciendo emplazamientos, que lo único que consiguen es que Marco los desprecie tal cual ustedes con él en la primera vuelta. Vean la manera (y pronto) de hacer de Eduardo Frei una carta presidencial competitiva, coherente y atractiva para ese 14% de personas que dice no tener decidido por quien votar.

Ahhhhh, por último y lo más importante, que tengan un muy feliz y prospero año 2010.

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Mientras en la Concertación, incluida por supuesto la Presidente Bachelet, hacen grandes esfuerzos por instalar la idea de que ser militante de un partido miembro del bloque oficialista es invalidante para desempeñar cualquier función en el Gobierno de Sebastián Piñera, sale a la luz una contradictoria defensa para quienes, en su condición de funcionarios de confianza exclusiva, mantienen contratos hasta el 31 de diciembre de este año y que, sin quererlo quizás, abre nuevamente una discusión muy de fondo y perentoria.

A lo menos suena raro que ahora, después de los innumerables berrinches por la posibilidad de que miembros de la Concertación se sumen a la nueva administración, se pretenda defender a personas que, si bien no tienen la visibilidad o protagonismo de otros dirigentes, tienen en su mayoría el mismo impedimento que le esgrimieron, por ejemplo, a Juan Gabriel Valdés.

Estos agentes, contratados como consejeros de confianza de ministros, subsecretarios, intendentes, gobernadores y jefes de servicio, cumplen una función política que, en su mayoría, responde exclusivamente a los requerimientos de quién lo contrató y no necesariamente a la urgencia o necesidad de un proyecto público en especial. Porque si así fuera o pretendieran florear ahora las autoridades, lo lógico sería que dicha función fuera analizada y resuelta por un concurso público. No quiero decir con esto que sus funciones sean menos importantes o relevantes, por el contrario, considero que son indispensables para dar apoyo político a la autoridad. Pero nada más. No entran en la categoría del funcionario público convencional o de planta como le dicen.

Por consiguiente y dejando los discursos de lado, lo correcto sería que estos empleados renuncien a sus funciones en las mismas condiciones y plazos que los demás funcionarios de confianza y recién ahí, con la libertad que debe tener la nueva administración, se evalúe quienes estarían en condiciones y dispuestos a seguir colaborando con el Gobierno.

Lo importante en este momento, para pasar a discutir el fondo y ya no el mero maquillaje, es saber qué criterio adoptarán en definitiva los partidos en esta materia. ¿Seguirán los manifiestos del ex Presidente Ricardo Lagos y el Partido Socialista quienes sostienen con uñas y dientes la incompatibilidad “ética” de que un militante participe en el nuevo Gobierno o el de la Democracia Cristiana que, a través un instructivo, formaliza el castigo para sus militantes que durante la administración de Sebastián Piñera acepten o se mantengan en sus puestos?.

Razonable es que las doctrinas o intereses particulares de quienes están en lo público no perjudiquen los del país. Que el gran motivador sea el desarrollo y bienestar de todos. Que quienes tienen el bichito, de presentarse la oportunidad, no dudarán un segundo en sumarse a los esfuerzos por avanzar en la superación de los problemas que aún nos aquejan.

La pregunta del millón entonces es ¿qué es mejor para el Chile?, ¿negarse a colaborar o sumar para construir?. Con todas las diferencias que se quiera, pero ¿cuál es el camino correcto?.

Nadie discute el derecho que tiene de la nueva oposición de explicar sus objetivos como quiera. Son libres de diseñar como se les antoje su intervención en los años venideros, pero a mi juicio, seguir con las mañosas prácticas del pasado recordando fantasmas que ya no existen para la gran mayoría de los chilenos, no aportan más que a ensuciar y demorar el cumplimiento de un sueño.

Así como para muchos el bienestar pasa casi exclusivamente por modificar leyes políticas y electorales, habemos unos cuantos que creemos que las prioridades deberían estar centradas en mejorar la calidad de vida y cumplir las más básicas y simples expectativas de quienes vivimos en Chile.

No puedo hablar por otros, sobre todo si no me lo han pedido, pero tengo la sospecha de que para muchos hoy es más relevante encontrar trabajo y vivir tranquilos que modificar una ley para que un partido vuelva a ser legal. Como también sospecho que muchos simpatizantes de la Concertación estarían felices de colaborar con el nuevo Gobierno aún a riesgo de ser catalogados como indignos.

Al final y volviendo a la pregunta: ¿qué es mejor para Chile?.

Me encantaría que los que hoy, con bombos y platillos, se empinan como servidores públicos y defensores del bien común respondieran esta pregunta. No desde una trinchera, sino desde la función de padre, hermano, hijo, abuelo o vecino de otros.

Lamentablemente la respuesta no es obvia. Por fuerte que haya sido el chancacazo del pasado 17 de enero, aún hoy hay muchos que insisten en seguir viendo las cosas a través de una ventana.

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Es revelador que para dirigentes y militantes democratacristianos suene el nombre de Mariano Fernández, actual Ministro de Relaciones Exteriores, para que presida dicho partido y, como esperan, convertirlo en la alternativa coherente y moderna para redefinir los objetivos doctrinarios de cara a los desafíos inmediatos, desechando por cierto el diseño de la actual cúpula que busca seguir alimentando la política de trincheras.

Es evidente que en la DC, como también se puede observar en los demás partidos de la Concertación, faltan personas que se atrevan a ejercer sus liderazgos, por pequeños que sean. La indefinición ideológica y la sólo reacción a los acontecimientos del país los coloca como un partido sin rumbo, sin un proyecto claro que ofrecerle a sus simpatizantes. Pareciera que el golpe electoral los tiene aún aturdidos y que, en vez de admitir que la tarea que enfrentan es compleja y vertiginosa, prefieren tomarse vacaciones y esperar. ¿Qué esperan?, ni idea, pero esperan.

¿Dónde están Orrego, Undurraga, los Walker, Alvear o el mismismo Eduardo Frei para contener esta escalada de torpezas?. ¿Dónde están los príncipes, chacones y los colorines que aún comulgan en la DC?.

Esperar a que la actual directiva colapse por el peso de la impericia no es una alternativa sensata a mi juicio. La olla continua con el fuego al máximo y no se ve a nadie con la intención de sacarle el pituto para descomprimir la presión. El miedo de sus líderes en vez de movilizarlos los ha paralizado y como consecuencia vemos que sus representantes se limitan a vociferar declaraciones delirantes e incoherentes. De seguir así, el guiso podría volar por los aires y la tarea de recoger la carne, las papas y zanahorias podría tomarles tanto tiempo que perfectamente alguien podría adelantárseles y decir, oigan, hagamos otro estofado.

A las exageradas reacciones por la incorporación de Jaime Ravinet como Ministro de Defensa de Sebastián Piñera, debemos sumar no pocas fantasías sobre el futuro gabinete en general. Es más, conversando con un diputado esta semana me di cuenta que la cosa es más triste de lo que sale en los medios de comunicación, y es que entre bromas y seriedades, no pinta para nada bueno que un honorable te diga que cuándo las autoridades peruanas quieran reunirse con el futuro Canciller chileno, tengan que ir a las oficinas de Falabella en Lima.

¿Qué es esto?. ¿Es inteligente plantearse como oposición basado únicamente en reaccionar y no proponer?. Porque está bien, no tienes porque aplaudir ni hacer fanfarrea a todo lo que se te presente, pero me parece que esperar un poquito y ver como marchan las cosas, es una actitud razonable y madura antes de abrir la boca.

En fin, en unos días más se sentirá otra replica del terremoto político, todo por culpa de las nuevas designaciones de subsecretarios y otras autoridades de confianza. En dicha nómina, al parecer, surgirán otros militantes de la Concertación sumándose al equipo de Gobierno de Piñera. ¿Cuál será la reacción de la DC y los demás partidos cuando vean dichos nombres?. ¿Insistirán en repudiar a los que tomen esa decisión?. ¿Saldrán nuevamente a catalogar, ahora como rebaño, de ovejas negras y traidores a los nombrados?.

Es de esperar, aunque muchos me traten de ingenuo, que los movimientos futuros de la oposición sean producto de la reflexión y no del hincha, porque por último, podrían tomar dichas incorporaciones como garantía de que las políticas del Estado están al servicio del país y no del interés partidista. ¿Qué tal?.

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Creo que a nadie debería sorprender que los medios de comunicación se ocupen por mencionar las tensiones, berrinches y tirones que se suscitan al interior de los partidos políticos que integran la Alianza del nuevo gobierno y es que ante la ausencia de una Concertación lúcida y coordinada, aunque algunos insisten en decir que es una tregua sólo producto de las merecidas vacaciones, los espacios periodísticos están siendo bombardeados y ocupados mayoritariamente por un solo sector.

Estoy seguro que si la Concertación no estuviese tan desconcertada, los berrinches internos en Renovación Nacional y la UDI no serían noticia de primera plana, a lo más disfrutarían de una cuña o caluga tipo copucha. Un ejemplo cinematográfico de esta situación es la historia encarnada por Michael Douglas en la película The American President, una comedia livianita pero que muestra cómo podría influir en los medios de comunicación la ausencia de contrapeso político. El problema para la Concertación es que no cuenta con los servicios de Michael J. Fox (el astuto asesor de Douglas).

Ni siquiera el Gobierno de Michelle Bachelet ha sido capaz de generar una agenda que signifique una alternativa seductora para los medios. No soy periodista pero supongo que, a menos que la Presidente anuncie qué hará después de dejar La Moneda, no parece muy sexy para los editores periodísticos cubrir con enjundia las giras de despedida de la mandataria.

Pero bueno, ya que el temita de las pataletas copó la agenda, tomémonos un segundo para responder una simple pregunta: ¿Son inéditos los chispazos de exaltación en nuestra política partidista?.

Para nada. Este tipo de discusiones no son nuevas y es comprensible que en época de elecciones internas las diferentes posiciones intenten colocar sus puntos sobre la mesa. Algunos realizan esto con una brutalidad innecesaria, pero se justifica por la intervención de asesores que aún sostienen que cuando estás en desventaja, una de las mejores estrategias es gritar más fuerte.

En la UDI los ánimos se calmaron ni bien el Senador Pablo Longueira anunció que apoyaría la reelección de Coloma. Eso, a menos que Kast convenza a los disidentes de volver a la carga, debería dejar las cosas zanjadas en la casa de Av. Suecia.

En el caso de RN las cosas son más simples aún, ya que nada hace pensar que logre surgir una lista realmente competitiva para derrotar a Carlos Larraín, quien además de poseer un peso intelectual desequilibrante y un sex-appeal político envidiable, ha logrado significativos triunfos electorales a la cabeza del partido, cosa que ninguno de los nombres que suenan en los medios podría esgrimir a mi juicio.

Pero estos asuntos internos también inquietan a los partidos de la Concertación y aún que los micrófonos y lentes no los enfoquen, socialistas, pepedés, radicales y democratacristianos viven por estos días sus propias disputas. Autoflagelantes, autocomplacientes, chascones y liberales se comen las uñas por mejorar sus posiciones de influencia, salvo por el hecho de que dichos partidos no tienen que cargar además con la configuración del equipo que gobernará los próximos cuatro años.

Algo de esto salpicó un diario al salir Pepe Auth a declarar su intención de volver a la Presidencia del PPD si el Laguismo continuaba con sus intentos de apoderarse del partido.

En fin, ya veremos que pasa con todo esto, mientras las pequeñas olitas tendrán su oportunidad de transformarse en devastadores tsunamis.

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