Es verdad, lo más seguro es que tu vida no se verá alterada el lunes y es que las cosas en Chile están bastante más estables de lo que los comandos presidenciales y congresistas pretenden hacer creer a los electores, es decir, esa sensación encarnada de que gane quien gane la elección tendremos que seguir batallando solitariamente para conseguir el bienestar de los nuestros sigue presente y se muestra inmune a las advertencias catastrofistas de uno y otro bando.

Por consiguiente y salvo por la molestia que significaría volver a levantarse temprano por culpa de una inminente segunda vuelta presidencial, que según entiendo se realizaría el 17 de enero de no alcanzar ninguno la mayoría indicada en la ley para dejar las cosas hasta aquí, las miradas estarán centradas en otra cosa. Desde el lunes los ojos estarán puestos en saber qué harán aquellos que viven de la política. ¿Qué pasará con aquellos que insisten en justificar su existencia política en la lucha contra Pinochet?, como si ese fuera el enemigo número uno hoy de Chile. ¿Qué futuro les espera a los que sin vergüenza continúan defendiendo un sistema político soldado a ideales y eslóganes que ya no representan los sueños, preocupaciones y expectativas de los chilenos?.

Lo lógico es que para quienes se acostumbraron a contratar artistas populares para llenar gimnasios y plazas con “adherentes” (cosa impensada hace unos años atrás donde la voluntad y la convicción movían montañas) se hará insoportable la permanencia en la primera línea. Se sentirán obligados a negociar una salida digna y ojo, no me refiero sólo a la Concertación, también a la Alianza y al Juntos Podemos. Y es que ellos, a pesar de acumular años de fracasos electorales, sus cuadros dirigentes  son tan veteranos como el cuestionado grupo oficialista. Es decir, más allá de los resultados y no importando el aire triunfalista después de la elección, será inevitable para la estructura política actual el aceptar que el futuro de sus partidos o movimientos políticos dependerán de su capacidad para hacerse a un lado y dejar que el aire fresco entre por sus ventanas.

No son pocos los que claman por una oportunidad y esta elección representa una magnífica posibilidad para ellos. Así como se han desarrollado las cosas y los fenómenos sociales que ha destapado la disputa electoral, los que pretendían perpetuarse por los siglos de los siglos se quedaron sin muchas alternativas. Y es que el mensaje no es menor. Es un desastre para el Gobierno de la Concertación llegar a una elección presidencial con un candidato que no supera el 25 o 30% de intención de voto, en circunstancias que su máxima representante, la Presidente Michelle Bachelet, goza del más alto aprecio popular que en la historia de Chile se tenga registro de un mandatario.

Todo esto, sumado a la torpeza de no reconocer a tiempo al “cabro chico” y que contra todo pronostico logró desestabilizar al establishment, logra poner en la palestra la evidencia cierta de que la tan lamentable apatía (y antipatía) de los chilenos con la política no es por ese cómodo y repetido “no estoy ni ahí”, sino por el rechazo de seguir sosteniendo que la estructura de poder político del país se desarrolla (y hereda) únicamente entre un grupo de personas de heroicos apellidos e históricas influencias.

Creer que esta elección reducirá su cometido únicamente a saber quienes se sentarán en el Congreso y La Moneda a partir del 11 de marzo próximo, es un error del porte de una catedral. No señoras y señores, en esta elección los “príncipes” de la Democracia Cristiana saben que tendrán su pretexto para tomar el control partidario y borrar del mapa a los Frei, los Martínez y los Latorre. Por su parte los Harboe del PPD querrán jubilar a los Girardi, los Lagos y los Auth. Los Rossi y los Muñoz harán lo posible por derribar a los Escalona y los Schilling del PS y si Marco Enríquez-Ominami no llegase a cumplir su promesa de pasar a la segunda vuelta, seremos espectadores privilegiados del nacimiento de un nuevo referente político, hoy aparentemente sin forma pero que por decencia no podría sino intentar encabezar.

Ahora bien y pese a las brujerías y horóscopos realizados hace unos días atrás a fin de marear al ciudadano “de a pie”, estoy convencido de que esta elección sigue abierta. En unas horas más sabremos quien acompañará a Sebastián Piñera en el balotaje y su pesadilla será esperar ver que tan amplia es la brecha que lo separe del segundo. El tirano análisis estadístico me obliga a decir que si el candidato de la Alianza logra un porcentaje superior al 43 o 44% de los votos hoy, es más que seguro que estaremos frente al próximo Presidente de la República y en definitiva será el condicionante para el ánimo electoral y cuchilladas entre muchos durante la campaña de segunda vuelta.

Un margen menor de votos a favor de Piñera supondría un esfuerzo mayor del candidato, ya es que salvo por un eventual apoyo de Adolfo Zaldivar (y del PRI), no quedaría mucho más de dónde sacar papeletas en enero. De igual forma habrá que ver quien lo acompaña y qué representación obtendrán los partidos en el Congreso. Es decir, si Eduardo Frei logra pasar al balotaje, Sebastián tendrá que hacer esfuerzos para “agüachar” a los electores de Enríquez-Ominami, mientras que si es MEO quien lo acompañe, el postulante deberá dirigir sus incitaciones al electorado más conservador de la Concertación, ese que no ve con buenos ojos el ultimátum de “marquito” y la aventura política que éste plantea. Mál que mal, Piñera nace y se cría al alero de la DC y algo de aquello le quedará en el corazón dicen algunos.

En las veredas del frente podemos ver que a Frei y la Concertación no les quedará otra que negociar con los meístas y de ahí tanto recado y llamado telefónico desde La Moneda. Tan empecinados en ver la manera materializar con MEO un acuerdo, pero este ya les dijo que el lunes los espera para que se sumen a su candidatura. Pero no todo es malo para Frei y es que me enteré que el Juntos Podemos ya negoció 120 cargos públicos en un eventual Gobierno de la Concertación a pesar de que su candidato dijera públicamente que no ocuparía cargo alguno. Pero esto no es obstáculo para el Partido Comunista ya que el lunes Jorge Arrate sale de la escena principal, siendo reemplazado por él (los) diputado que resulte electo gracias al pacto entre el JP y los partidos oficialistas. Nada hace pensar que Marco acepte negociar, pero tampoco nadie podría poner las manos al fuego por los que lo rodean. ¿Qué estarán dispuestos a entregar a cambio de ese apoyo?. Y viceversa, ¿qué estaría dispuesto a entregar MEO a la Concertación por su apoyo en segunda vuelta?.

En fin, hoy es el gran día. Así que vamos a votar y mañana seguimos conversando. ¿Les parece?.

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