Algunos comenten el error de separar las campañas presidenciales de las congresistas, como si estas corrieran por carriles separados, sin reparar un segundo en que la lucha por el dominio político al interior de las coaliciones no se libra únicamente por la militancia del próximo Presidente de la República, acaso también por conocer cómo quedarán los equilibrios (o tambaleos) entre los partidos después de las elecciones del 13 de diciembre.

Para nadie es un misterio que Sebastián Piñera necesita conquistar una diferencia de a lo menos ocho o diez puntos respecto de quien lo siga en segunda vuelta para “ganar solo”. Se ahorraría molestos cambios y peligrosos refuerzos para el balotaje y mantendría esa aparente independencia de los partidos que lo apoyan.

Pero, ¿qué pasa si ese porcentaje es más estrecho de lo deseado?. Aquí las elecciones congresistas y especialmente la senatorial protagonizada por Francisco Chahúan y Joaquín Lavín en la quinta costa, cobran vital importancia. Si Lavín gana por un margen amplio y Piñera no logra esa diferencia porcentual esperada, es inevitable la presencia de “refuerzos” del sector más político de la Alianza en el comando, sobre todo para buscar el voto de las mujeres de sectores populares, segmento que le ha sido esquivo a Piñera. Es decir, si así fuera, si Joaquín se impone a Chahúan contundentemente, Sebastián no podrá excluirlo del diseño de segunda vuelta y ello será utilizado por sus adversarios como evidencia de sus debilidades.

Otro problema para el presidenciable de la Alianza es que un Lavín ganador dejaría a la UDI chocha y posicionada para competir por La Moneda el 2014, situación nada agradable para Piñera ya que todo aquel que aspire al máximo poder político del país quiere ser finalmente el director de orquesta y diseñador del escenario político del país y su sector. Es decir, así como lo encarnaron legítimamente los Presidentes de Chile hasta Ricardo Lagos Escobar, ejerciendo en propiedad el liderazgo político en sus colectividades, este punto es fundamental para Piñera. Y es lógico, así como me pasa en la cocina, cuando estoy yo, nadie me toca el sartén. Estar encima de las cosas para ver quien lo relevará de La Moneda de ganar estas elecciones es lo que esperaría cualquiera en su lugar.

Ahora bien, ¿y si pierde Joaquín Lavín?. En ese escenario el derrotado no es precisamente el ex alcalde de Las Condes, es la UDI la que pierde y el descalabro político sería de proporciones para Coloma y Cía. por cuanto se le abren las puertas a la disidencia interna para salir a defender el “honor del partido”. Los Kast, Álvarez y otros, hasta el mismo Pablo Longueira, serán llamados a rescatar los valores y principios que hasta hoy tenían a la UDI como el partido más grande de Chile.

Sea cual fuere el resultado el próximo domingo en la senatorial de la quinta costa, Sebastián Piñera está en aprietos. Ojo, y eso se lo buscó solito el candidato ya que debió prever que las históricas disputas no pueden callarse así nada más y menos al fragor de las campañas electorales. ¿Falta de visión?, puede ser, pero lo cierto es que en RN y la UDI saben que aquí se juegan no sólo un sillón en el Senado, sino la hegemonía política al interior de la Alianza.

Pipiolos, estanqueros y pelucones se vuelven a enfrentar. ¿Qué hacer?... tarea para la casa, pero estoy seguro que dejar este tema para la segunda vuelta representa un riesgo importante para el candidato Piñera. Así como la Concertación, independiente de quién pase finalmente al balotaje, tendrá enormes dificultades para intentar cicatrizar las heridas que dejen Frei y Enríquez-Ominami, la Alianza también podría tenerlos de no tomar cartas a tiempo.

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